domingo 23 de marzo de 2008

Al soldado Guatemalteco

José Gutiérrez fue uno de los primeros en caer, muerto por fuego amigo en la polvorienta población de Umm Qasr en los primeros momentos de la invasión a Irak en 2003.
Gutiérrez era un ambicioso migrante guatemalteco que soñaba con convertirse en arquitecto y, junto a un médico nigeriano, un soldado chino que añoraba llegar a ser un general del ejército, un indio cuya lápida muestra el primer Khanda, emblema de la religión Sikh, en el cementerio de Arlington, es uno de los 100 miembros extranjeros del ejército de Estados Unidos que se ganaron su ciudadanía al morir en Irak.
Ya muerto, el joven marino fue cubierto de honores con los cuales su familia sólo habría podido soñar si estuviera vivo. Su hermana fue llevada en avión desde Guatemala para el funeral, donde un cardenal presidió el cortejo y oficiales militares de alto rango hicieron reverencias ante su ataúd cubierto con la bandera de Estados Unidos.
Aún así, su madrastra, agonizaba mientras acompañaba el cuerpo de regreso a Guatemala para el entierro. Y la pregunta entre sus familiares es: ¿Por qué José tuvo que morir por Estados Unidos para verdaderamente sentirse estadounidense?
El cardenal Roger Mahony de Los Ángeles, que atendió el servicio de Gutiérrrez, lo ve de otra forma. “Hay algo terriblemente equivocado con nuestras políticas de inmigración si alguien muere en el campo de batalla para ganarse la ciudadanía”, dijo Mahony en una carta que dirigió al presidente George W. Bush en abril de 2003.
El prelado pidió al gobernante que garantizara inmediatamente la ciudadanía para todos los migrantes que se apuntaran para el servicio militar en tiempo de guerra. “Ellos no deberían esperar hasta que regresan a casa en un ataúd”, dijo Mahony.
Pero mientras la guerra continúa, más y más migrantes se convierten en ciudadanos difuntos, y más y más familias están lidiando con profundos sentimientos encontrados acerca de lo que realmente significa este honor.
El certificado de ciudadanía de Gutiérrez fue presentado a Nora Mosquera en un acto ofrecido en su memoria. Mosquera fue quien lo adoptó luego de que el héroe de guerra llegara de forma ilegal a Estados Unidos.
“Por una parte sentí que su ciudadanía llegó muy tarde para él, pero también sentí gratitud y orgullo por él. Supe que esto le abriría las puertas a la familia”, dijo Mosquera.

jueves 20 de marzo de 2008


El sombrerón recorre los portales...
En aquel apartado rincón del mundo, tierra prometida a una Reina por un Navegante loco, la mano religiosa había construido el más hermoso templo al lado de la divinidades que en cercanas horas fueran testigo de la idolatría del hombre —el pecado más abominable a los ojos de Dios—, y al abrigo de los tiempo de montañas y volcanes detenían con sus inmensas moles.
Los religiosos encargados del culto, corderos de corazón de león, por flaqueza humana, sed de conocimientos, vanidad ante un mundo nuevo o solicitud hacia la tradición espiritual que acarreaban navegantes y clérigos, se entregaron al cultivo de las bellas artes y al estudio de las ciencias y la filosofía, descuidando sus obligaciones y deberes a tal punto, que, como se sabrá el Día del juicio, olvidábanse de abrir al templo, después de llamar a misa, y de cerrarlo concluidos los oficios...
Y era de ver y era de oír y de saber las discusiones en que por días y noches se enredaban los mas eruditos, trayendo a tal ocurrencia citas de textos sagrados, los más raros y refundidos.
Y era de ver y era de oír y de saber la plácida tertulia de los poetas, el dulce arrebato de los músicos y la inaplazable labor de los pintores, todos entregados a construir mundos sobrenaturales con los recados y privilegios del arte.
Reza en viejas crónicas, entre apostillas frondosas de letra irregular, que a nada se redujo la conversación de los filósofos y los sabios; pues, ni mencionan sus nombres, para confundirles la Suprema Sabiduría les hizo oír una voz que les mandaba se ahorraran el tiempo de escribir sus obras. Conversaron un siglo sin entenderse nunca ni dar una plumada, y diz que cavilaban en tamaños errores.
De los artistas no hay mayores noticias. Nada se sabe de los músicos. En las iglesias se topan pinturas empolvadas de imágenes que se destacan en fondos pardos al pie de ventanas abiertas sobre panoramas curiosos por la novedad del cielo y el sin número de volcanes. Entre los pintores hubo imagineros y a juzgar por las esculturas de Cristos y Dolorosas que dejaron, deben haber sido tristes y españoles. Eran admirables. Los literatos componían en verso, pero de su obra sólo se conocen palabras sueltas.
Prosigamos. Mucho me he detenido en contar cuentos viejos, como dice Bernal Díaz del Castillo en "La Conquista de Nueva España", historia que escribió para contradecir a otro historiador; en suma, lo que hacen los historiadores.
Prosigamos con los monjes...
Entre los unos, sabios y filósofos, y los otros, artistas y locos, había uno a quien llamaban a secas el Monje, por su celo religioso y santo temor de Dios y porque se negaba a tomar parte en las discusiones de aquéllos en los pasatiempos de éstos, juzgándoles a todos víctimas del demonio.
El Monje vivía en oración dulces y buenos días, cuando acertó a pasar, por la calle que circunda los muros del convento, un niño jugando con una pelotita de hule.
Y sucedió...
Y sucedió, repito para tomar aliento, que por la pequeña y única ventana de su celda, en uno de los rebotes, colóse la pelotita.
El religioso, que leía la Anunciación de Nuestra Señora en un libro de antes, vio entrar el cuerpecito extraño, no sin turbarse, entrar y rebotar con agilidad midiendo piso y pared, pared y piso, hasta perder el impulso y rodar a sus pies, como un pajarito muerto. ¡Lo sobrenatural! Un escalofrío le cepilló la espalda.
El corazón le daba martillazos, como a la Virgen desustanciada en presencia del Arcángel. Poco, necesitó, sin embargo, para recobrarse y reír entre dientes de la pelotita. Sin cerrar el libro ni levantarse de su asiento, agachóse para tomarla del suelo y devolverla, y a devolverla iba cuando una alegría inexplicable le hizo cambiar de pensamiento: su contacto le produjo gozos de santo, gozos de artista, gozos de niño...
Sorprendido, sin abrir bien sus ojillos de elefante, cálidos y castos, la apretó con toda la mano, como quien hace un cariño, y la dejó caer en seguida, como quien suelta una brasa; mas la pelotita, caprichosa y coqueta, dando un rebote en el piso, devolvióse a sus manos tan ágil y tan presta que apenas si tuvo tiempo de tomarla en el aire y correr a ocultarse con ella en la esquina más oscura de la celda, como el que ha cometido un crimen.
Poco a poco se apoderaba del santo hombre un deseo loco de saltar y saltar como la pelotita. Si su primer intento había sido devolverla, ahora no pensaba en semejante cosa, palpando con los dedos complacidos su redondez de fruto, recreándose en su blancura de armiño, tentado de llevársela a los labios y estrecharla contra sus dientes manchados de tabaco; en el cielo de la boca le palpitaba un millar de estrellas...
—¡La Tierra debe ser esto en manos del Creador! —pensó.
No lo dijo porque en ese instante se le fue de las manos —rebotadora inquietud—, devolviéndose en el acto, con voluntad extraña, tras un salto, como una inquietud.
—¿Extraña o diabólica?...
Fruncía las cejas —brochas en las que la atención riega dentífrico invisible— y, tras vanos temores, reconciliábase con la pelotita, digna de él y de toda alma justa, por su afán elástico de levantarse al cielo.
Y así fue como en aquel convento, en tanto unos monjes cultivaban las Bellas Artes y otros las Ciencias y la Filosofía, el nuestro jugaba en los corredores con la pelotita.
Nubes, cielo, tamarindos... Ni un alma en la pereza del camino. De vez en cuando, el paso celeroso de bandadas de pericas domingueras comiéndose el silencio. El día salía de las narices de los bueyes, blanco, caliente, perfumado.
A la puerta del templo esperaba el monje, después de llamar a misa, la llegada de los feligreses jugando con la pelotita que había olvidado en la celda. ¡Tan liviana, tan ágil, tan blanca!, repetíase mentalmente. Luego, de viva voz, y entonces el eco contestaba en la iglesia, saltando como un pensamiento:
¡Tan liviana, tan ágil, tan blanca!... Sería una lástima perderla. Esto le apenaba, arreglándoselas para afirmar que no la perdería, que nunca le sería infiel, que con él la enterrarían..., tan liviana, tan ágil, tan blanca...
¿Y si fuese el demonio?
Una sonrisa disipaba sus temores: era menos endemoniada que el Arte, las Ciencias y la Filosofía, y, para no dejarse mal aconsejar por el miedo, tornaba a las andadas, tentando de ir a traerla, enjuagándose con ella de rebote en rebote..., tan liviana, tan ágil, tan blanca...
Por los caminos —aún no había calles en la ciudad trazada por un teniente para ahorcar— llegaban a la iglesia hombres y mujeres ataviados con vistosos trajes, sin que el religioso se diera cuenta, arrobado como estaba en sus pensamientos. La iglesia era de piedras grandes; pero, en la hondura del cielo, sus torres y cúpula perdían peso, haciéndose ligeras, aliviadas, sutiles. Tenía tres puertas mayores en la entrada principal, y entre ellas, grupos de columnas salomónicas, y altares dorados, y bóvedas y pisos de un suave color azul. Los santos estaban como peces inmóviles en el acuoso resplandor del templo.
Por la atmósfera sosegada se esparcían tuteos de palomas, balidos de ganados, trotes de recuas, gritos de arrieros. Los gritos abríanse como lazos en argollas infinitas, abarcándolo todo: alas, besos, cantos. Los rebaños, al ir subiendo por las colinas, formaban caminos blancos, que al cabo se borraban. Caminos blancos, caminos móviles, caminitos de humo para jugar una pelota con un monje en la mañana azul...
—¡Buenos días le dé Dios, señor!
La voz de una mujer sacó al monje de sus pensamientos. Traía de la mano a un niño triste.
—¡Vengo, señor, a que, por vida suya, le eche los Evangelios a mi hijo, que desde hace días está llora que llora, desde que perdió aquí, al costado del convento, una pelota que, ha de saber su merced, los vecinos aseguraban era la imagen del demonio...
(...tan liviana, tan ágil, tan blanca...)
El monje se detuvo de la puerta para no caer del susto, y, dando la espalda a la madre y al niño, escapó hacia su celda, sin decir palabra, con los ojos nublados y los brazos en alto.
Llegar allí y despedir la pelotita, todo fue uno.
—¡Lejos de mí, Satán! ¡Lejos de mí, Satán!
La pelota cayó fuera del convento —fiesta de brincos y rebrincos de corderillo en libertad—, y, dando su salto inusitado, abrióse como por encanto en forma de sombrero negro sobre la cabeza del niño, que corría tras ella. Era el sombrero del demonio.
Y así nace al mundo el Sombrerón.
EL CADEJO

El cadejo es el espíritu que cuida el paso tambaleante de los borrachos, "es un animal en forma de perro, negro, lanudo, con casquitos de cabra y ojos de fuego". Su trabajo es perseguir o cuidar a los bolos que les gusta mucho el guaro y se quedan tirados en la calle, según la leyenda hay dos tipos de cadejos uno malo y uno bueno, el malo es el de color negro, y el bueno de color blanco. Aunque según las personas que les han visto siempre ven a los dos, pero siempre el negro mas inquieto y distante y el bueno echado cerca de la persona, resguardándola del cadejo malo

Hay que tener cuidado aunque sea un espíritu protector porque al beber demasiado y muy frecuente, "el Cadejo lo puede trabar, pues si se lo encuentra a uno tirado y le lame la boca, ya lo jodió para siempre, pues entonces uno jamás se compone". El Cadejo acostumbra seguir por nueve días al hombre al que le lamió la boca y no lo deja en paz.La leyenda.
1) Hubo un joven que era muy trasnochador. Se llamaba Carlos Roberto y era guardián de un terreno. Siempre que regresaba ya muy entrada la noche, encontraba un perro blanco enfrente de su puerta. Era grande y peludo, pero nunca dejaba que Carlos se le acercara. El perro al ver que él entraba a su casa se sacudía, daba vuelta y desaparecía. Y esto sucedía todas las noches que Carlos llegaba muy tarde a su casa. Un día de tantos, Carlos quiso seguirlo para verlo de cerca y de donde venía, pero nunca lo logro alcanzar. Alguien le dijo que era El Cadejo, y que cuidaba de su mujer y sus hijos cuando el no estaba.Este es el Cadejo bueno, el que anda y cuida a las mujeres, porque el Cadejo negro es que siempre anda detrás de los hombres que están borrachos2) Hace tiempo, cuando don Héctor estaba en la estudiantina de la iglesia, salía con sus amigos a dar serenatas por todas las calles. Y una de estas veces le paso algo inexplicable. Ya venían de regreso de una serenata, y durante el camino de regreso, todos los muchachos se iban quedando en calles distintas, para ir a sus casas. Ya solo quedan don Héctor y don Felipe, al pasar por el parque, se les pegó un perro negro de gran tamaño y con los ojos rojos; empezaron a caminar más rápido, pero el perro no de perdía. Ya los dos se empezaron a sentir cansados de caminar, al llegar a la casa de don Felipe, se entraron los dos y cerraron rápido la puerta, entonces aquel perro empezó a empujar la puerta con los cascos de sus patas, la mama de aquel joven salió con un crucifijo y le hizo la señal de la cruz, después de esto, el perro desapareció. Don Héctor decía que el Cadejo se los quiso llevar.3) José había estado chupando con sus amigos durante todo el día, y ya entrada la noche estaba tan bolo que se quedó tirado en una calle. En horas de la madrugada, ya medio bueno, se estaba tratando de parar, cuando vio un perro negro muy lanudo que le paso la lengua por la boca. Con mucho trabajo se logro parar, y se fue como pudo se fue caminando por todas la calles; detrás de él iba el perro, que hacia ruido con sus casquitos de cabra. En el tanque de San Gaspar uno hombres quisieron robarle a José, pero el gran perro lo defendió y lo siguió hasta dejarlo en la puerta de su casa. Después de ese día el perro lo siguió durante nueve noches seguidas. Porque cuando el Cadejo, le lame la boca a uno le sigue por nueve días. Y también uno nunca más deja de tomar, por eso José se murió por bolo.
Fuente: Libro de "Leyendas de Guatemala" (1930)
LA CASA EMBRUJADA
Por: Delfino Illescas

Desde el inicio de su construcción, hace ya más de 50 años, se comenzó a notar algo raro. Cuentan que los albañiles encargados del edificio, en algunas ocasiones, escuchaban una especie de música rara. no sabían exactamente de donde provenía, ni mucho menos pensaban que fuera motivo de alarma. Un día de tantos, a alguien se le ocurrió que el lugar pudiera estar encantado, que todo aquello extraño que se escuchaba fuera obra de fantasmas o espíritus burlones. Fue tan solo una idea, pero, como siempre en estas cosas, estalló como bomba entre todos. Fue tan grande la sugestión, que dos de los trabajadores renunciaron al trabajo, diciendo ser víctimas de los espíritus del más allá. Así todo por fin se terminó aquella casa. Era muy bonita y nada parecía indicar que los espectros rondaron aquel lugar.
Un buen día, los dueños se trasladaron a la vivienda. La gente, como es nuestra costumbre, ya había inventado miles de historias de las más lúgubres que pudieran haberse contado. Decían que por las noches golpeaban puertas, salían gritos y tiraban piedras desde adentro. Una viejecilla contaba que, en aquel lugar, habían matado a un hombre y que esa era la razón de tanto escándalo. Otros contaban que una bruja hacía sus hechizos en ese lugar, pero cuando llegó la construcción ya no lo pudo hacer, entonces dejo encantado el sitio.
Los habitantes de la casa no le daban créditos a las habladurías y sin miedo alguno comenzaron a vivir tranquilos.
Era el mes de marzo y el calor resultaba en aquellos tiempos tan insoportables como ahora. Por esta razón, Margarita, la única hija de aquel matrimonio joven, dejaban las ventanas del patio abiertas. Cierta noche como a eso de las once , la ventana que era corrediza, se cerró sola inexplicablemente. Como todos estaban durmiendo, la única prueba de ello lo constituyó el tremendo ruido. Después de este incidente quedó tranquilo. Margarita se levantó y cerró la ventana, pero con el pestillo. Pensando estaba en el calor que pasaría, cuando de pronto la dichosa ventana se abrió ruidosamente. La muchacha salió casi corriendo del cuarto y habló a sus padres. Todos juntos fueron a investigar, pero nada ocurrió.
Se hizo la mañana y sin las sombras de la noche, todo pareció un sueño así lo acordaron y la tranquilidad llegó a la casa. Según lo relatan, todas las noches sucedía algo raro. Los muebles amanecían cambiados de lugar, igualmente los utensilios de cocina. La ropa aparecía hecha nudos, los chorros del agua de repente se abrían solos. Aquello era un calvario, pero el orgullo de no dejarse vencer, dominaba a la familia Juárez.
Pasó mucho tiempo y seguramente ya cansados, decidieron cambiarse de domicilio. La gente de lo alrededores murmuraba, pero realmente nada sabían. La casa se puso en alquiler y por ella desfilaron muchas familias. Se cambiaban pronto, y de allí surgió una verdadera leyenda de tal casa. Por mucho tiempo quedó abandonada. El vecindario fue cambiando poco a poco. Las personas tenían noticias de lo que ocurrió, por boca de sus amigos. Cierto día llegó un señor, de nombre Ignacio. Quería alquilar la casa y era un incrédulo en lo relacionado con espantos, estaba de ganga, no pensó dos veces, y se mudo a aquel lugar. La gente de por allí esperaba con impaciencia. Dos meses después, y sin dar explicaciones, aquel hombre testarudo salió. Dicen que al preguntarle no respondió nada. La casa sigue abandonada y casi hecha escombros y como mudo testigo esta la 10 avenida “A” de la zona 1 , en la ciudad capital de Guatemala.
LA CARA OCULTA DE LOS MAYAS
Claudia M.M.

La cultura clásica.
La hipótesis fundamental de trabajo para arqueólogos y etnógrafos era hasta hace poco que América fue poblada por primitivos asiáticos, quienes penosamente y caminando sobre el hielo del estrecho de Bering bajaron por la parte norte, poblando todo un continente hace unos 40 mil años, recientes descubrimientos indican mas de 100 mil años.

La idea fue perfecta pues básicamente era la única vía por donde el inquieto explorador del paleolítico pudo pasar.
La cultura de ese tiempo era de guijarros, lascas y nódulos sin antecedentes religiosos o artísticos. Fueron los cazadores del superior los que dejaron muestras de un arte primitivo y otras manifestaciones culturales. Sin embargo hoy se sabe perfectamente que el ser humano de aquella época no era tan primitivo. Una muestra de ello es que no pudo vencer enormes distancias a través del inmenso Océano Pacifico y de esta manera los asiáticos americanos bien pudieron no ser los primeros o en todo caso recibir visitas de otros lados habitados para aquella época.
La cultura Maya como tal, es considerada una sociedad neolítica (no utilizaba mentales, ruedas o animales de tiro), fluye desde el norte hasta la tierra donde se asentaron por 3,700 años. Se considera en 2 mil años antes de Cristo como inicio de la migración (los mayas lo sitúan en el mítico 3113, en Xibalba) no obstante lo anterior se cree que antes ya habitan la región un pueblo protomaya llamados “Los Cabeza Larga”. La sociedad Maya era un pueblo teocrático (hombres superiores e inferiores) Hasta donde se sabe no existía un centro como capital del imperio como Tenochitlan o Cuzco, cuestión que es confirmada con los recientes hallazgos de nuevos centros de comercio como la recién descubierta “Cancuen” . Ahora se sabe que lo que edificaba los Mayas eran ciudades templo. Construcciones piramidales o montes convertidos como el epicentro de esta cultura y eran la raíz de sus dioses los cuales poblaban el submundo, caminaban por la tierra y animaban el firmamento. Cada que hacer tenían un Dios, creían en un tiempo cíclico y crearon tres calendarios: el Haab con 18 meses de 20 días, el segundo el Tzolkin de 260 días y el llamado de la cuenta larga sobre los 365 días. Calcularon la revolución sinódica del planeta Venus fijándola en 584 días (la ciencia hoy la ha calculado en 583.92) en otras palabras los Mayas fallaron en tan solo 8 centésimas. ¡Un pueblo obsesionado por las fechas y sus libros, las estelas!


El sistema numérico de los mayas ha sido considerado uno de los mas brillantes creados por civilización alguna, al extremo que algunos especialistas lo han calificado como “una de las mas grandes realizaciones intelectuales del hombre” siglos antes del nacimiento de Cristo y mucho antes que los matemáticos hindúes o persas hubieran elaborado una teoría comparable, los Mayas ya usaban el cero. Lo anterior lo plantea Silvanus Morley como un misterio “los sacerdotes en el siglo tercero o cuarto A. C.
Idearon un sistema de numeración por posición que incluía el concepto y el uso del cero” el experto se pregunta: ¿Qué razón habría para que un pueblo agrícola que vivía en el seno de una selva intricada se ocupara de un sistema tan altamente complicado? ¿ Es inconcebible que lo idearan y no tuvieran un uso para el?
La característica mas sorprendente de la cronología Maya es el extraordinario tamaño de sus unidades las cuales va desde el Kin (día) hasta el Alautun igual a 23,040 millones de días en otras palabras este pueblo amerindio y primitivo medía el tiempo en unidades superiores a los millones de días terrestres. Se sabe que una inscripción en Quiriguá menciona acontecimientos fechados 90 millones de años atrás y se dice que se ha encontrado fechas que se van atrás en 400 millones de años en el tiempo. Eric Thompson señala, El cerebro da vueltas ante semejantes cifras astronómicas, sin embargo estos cálculos fueron lo suficientemente frecuentes para requerir geroglificos especiales. ¿Cuál la razón de semejante esfuerzo? Cualquier explicación tradicional suele enfrentarse a serios argumentos en contra. Lo cierto es que dicha forma de contar el tiempo sobre pasa a la existencia de homo sapiens.
Los Mayas tenían obsesión por fechar todo y sus libros de notas eran las estelas. Eran en ellas donde todo acontecimiento era marcado y es aquí donde emana otro enigma sobre el año 920 después de Jesucristo, los libros de piedra desaparecen, Ya no son erigidas ni labradas estelas...

Fue como si algo pasara como si alguien dio la orden o quizá se hubiera dado cuenta de lo inútil del uso de aquel complicado sistema. ¿Todo lo que en el tiempo transcurriera, ya no tuvo importancia para ese pueblo, nunca mas se erigieron estelas!
La desaparición de estos libros de piedra tiene relación directa con la migración de ese pueblo. Las ciudades mayas quedaron abandonadas y el misterioso pueblo comenzó a subir hacia Yucatán una tierra mas árida y menos fecunda en vegetación. ¿Por qué? Explicaciones las hay, pero realmente no dan respuesta lo que sucedió Agotamiento de la tierra, crisis político - social – religiosa, catástrofes naturales guerras internas... una orden superior, quizá de sus Dioses venidos del espacio.

EL MISTERIO DEL USO DE LA RUEDA

A más de alguno le habrá resultado fuera de lugar el ultimo argumento que intenta explicar la paulatina desaparición y colapso de la cultura maya pero.... si alguien pretende afirmar que este pueblo era común, seguramente esta equivocado. Unas de las actitudes mas especiales fue la de no utilizar la rueda. Todo lo que el maya transporto lo hizo sobre sus espaldas a “mecapal” como se dice en el altiplano Guatemalteco.
El animal de tiro no existió las carretas con ruedas tampoco, la explicación mas socorrida es que desconocían la mecánica de tal artilugio el que por cierto ya usaban sus ancestros cientos de años en por lo menos dos continentes, ya que se han descubierto juguetes en los cuales la rueda contiene el eje físico. ¡Este pasatiempo infantil era capaz de rodar!.

¿Entonces por que no facilitar la vida o dar un salto del neolítico al paleolítico? Este principio no se ha dejado de utilizar (el principio físico del circulo) y permanece vigente en automóviles, aviones, equipos de guerra e incluso en la nueva estación espacial que giraba en el espacio. Quizá la explicación esta en lo que dice Víctor W. Hagen, había un bloqueo mental contra su uso. Quizá mas correctamente una orden para que no lo hicieron. ¿Una orden de quien? Del mismo que los obligo a retirarse del norte de Guatemala hacia sitios mas inhóspitos. ¿Era este un bloqueo remanente de lo que catastróficamente se llega con el avance de la tecnología? Hay que recordar que la rueda hubiera transformado radicalmente muchos aspectos de esa cultura. Como repetimos constantemente... ¡Misterios, Misterios!